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Recursos naturales y residuos

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Un sistema basado en la inviabilidad del sobreconsumo

El sobreconsumo al que nos incitan las grandes marcas está en cada rincón de nuestra vida. No paramos de consumir de forma desproporcionada. Tanto que en Europa y en España ya hemos superado el límite de nuestra capacidad, lo que quiere decir que necesitamos más de dos planetas para mantener nuestro estilo de vida.

El paradigma actual de crecimiento continuado necesita un modelo de producción y consumo del derroche basado en el producir-comprar-usar-tirar. Este metabolismo económico del Norte global requiere cada vez más recursos naturales como agua, recursos forestales, suelo o minerales.

La emergencia climática, la pérdida de biodiversidad o la creciente escasez hídrica son algunas de las vertientes de la crisis ecosocial a la que este sistema nos aboca.  El sistema actual extrae recursos naturales, produce, consume y desperdicia como nunca antes habíamos visto.

Lo cierto es que el sobreconsumo está muy afianzado en nuestro modelo de vida y parece complicado escapar del mismo, pero la realidad es que se trata de un sistema totalmente inviable que está consumiendo nuestro planeta y pone en peligro la vida de millones de personas. Y es que el consumo y los recursos naturales no se reparten de la misma forma, mientras algunas personas tienen que decrecer, es necesario que otras crezcan para garantizar una vida digna.

Extracción de recursos naturales sin medida

Para mantener una economía basada en el crecimiento continuado, la Unión Europea necesita garantizar el suministro de materias primas, incluyendo los recursos minerales fundamentales para su industria. En este marco, la UE se suma a otras potencias globales como Estados Unidos en su preocupación ante las proyecciones de aumento de la demanda mineral asociado a unas políticas de transición energética y digital que buscan descarbonizar nuestra economía sin plantear cambiar nuestro modelo de producción y de consumo.

La elevada extracción de materias primas del modelo de consumo actual, se realiza muchas veces en condiciones lamentables para el medio ambiente y las comunidades de la zona extractiva. ¿Las consecuencias?, contaminación del entorno, acuíferos y suelos, deforestación, pérdida de biodiversidad… Esto a su vez provoca un grave problema social: o la población consume agua envenenada o se ve forzada a abandonar la zona por la falta de recursos para subsistir. Además, la manufacturación de estas materias seguirá incrementando las injusticias con la explotación de trabajadores y el acaparamiento de tierras.

En la actualidad se están extrayendo 60.000 millones de toneladas de materias primas al año, y las estimaciones para 2030 apuntan a 100.000 millones de toneladas. Además, el consumo de recursos naturales no es equitativo, el Norte global consume diez veces más que el Sur, siendo Europa el principal importador con 3 toneladas per cápita al año.

La mejor respuesta a los problemas que plantea la extracción de recursos naturales y en concreto el incremento de la demanda de minerales, pasa por mitigar o reducir la demanda, es decir, plantear un modelo económico y por ende una transición ecológica que implique el ahorro de recursos minerales.

La lucrativa generación de residuos  

Estos recursos naturales, con graves impactos en su extracción, manufacturación y transporte, acaban su vida útil y se transforman en residuos en un periodo de tiempo muy corto. En su etapa como residuos tienen una gran probabilidad (en España casi el 70%) de terminar en una incineradora o en un vertedero.

Este escenario se repite en muchos países del mundo, por lo que es necesario un cambio de políticas que acabe con esta problemática sin lógica, que solo beneficia a los grandes distribuidores de productos.

Nos encontramos en un momento en el que es necesario adaptar los modelos comerciales a la capacidad de nuestro planeta. No es lícito que con el objetivo de incrementar las ventas, se pongan a la venta productos diseñados para durar poco tiempo o envasados en exceso.

Obsolescencia programada y percibida

En vez de apostar por productos de calidad, las grandes compañías tienden a crear productos basura. Los productos se diseñan para funcionar un determinado periodo de tiempo, como en el caso de muchos productos informáticos y de telecomunicaciones (obsolescencia programada). A su vez existen otras estrategias comerciales que se encargan de transmitir si un producto ha pasado de moda, como sucede con la ropa, complementos o con los productos electrónicos (obsolescencia percibida).

Los sistemas de gestión de residuos se basan exclusivamente en los residuos generados, no buscan intervenir o planificar la reducción de los mismos, su reutilización, reparación o reciclaje. Éste es uno de los motivos por los que seguimos contando con el vertido o la incineración como los sistemas principales para el tratamiento de residuos, con los impactos asociados a estos sistemas. En el caso de las incineradoras, la emisión de dioxinas y furanos, y producción de cenizas tóxicas, con graves problemas para la salud, y en el caso de los vertederos, producción de lixiviados contaminantes para el suelo y el agua subterránea, así como la degradación de las zonas donde se localicen estas infraestructuras.

Podemos cambiar la situación. Echa un ojo a nuestras soluciones siguiendo en proponemos.

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