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El Atlas de la carne: la ganadería industrial devora el planeta

Ir a El Atlas de la carne: la ganadería industrial devora el planeta 22 febrero 2022
  • El ministro de Consumo, Alberto Garzón, inaugura el acto de presentación del Atlas de la Carne
  • Amigos de la Tierra denuncia que, mientras la tendencia de consumo y producción de carne se mantiene al alza, hasta un 13% en 2028, no se están tomando medidas para limitar su producción
  • La ganadería industrial es gasolina para el cambio climático, hasta un 20% de las emisiones a nivel mundial podrían atribuirse a la ganadería

Hoy presentamos, en un acto público, la investigación del Atlas de la carne en su versión en castellano a través de la cual hace una radiografía del consumo y la producción cárnica a nivel mundial. El acto ha sido inaugurado por Alberto Garzón, ministro de Consumo, y en el mismo han participado los colectivos de Ganaderas en Red, CECU y la Coordinadora Stop Ganadería Industrial.

El debate sobre el consumo de carne y el modelo ganadero lleva años sobre la mesa, pero es ahora cuando está cobrando mayor relevancia con un amplio sector de la población que se plantea si la ganadería industrial es compatible con la lucha frente al cambio climático, con la escasez de recursos hídricos o con unos pueblos vivos. Por este motivo queremos seguir contribuyendo al debate y arrojar luz sobre los graves impactos de la ganadería industrial a nivel mundial.

El consumo global de carne se ha duplicado en los últimos veinte años hasta alcanzar las 320 millones de toneladas en 2018. Lejos de bajar la producción y, a pesar de su contribución a la crisis climática y ecológica demostrada con creces, la investigación señala que su consumo crecerá un 13 % en 2028.

Los últimos datos revelan que el 37% de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial provienen del sistema agroalimentario y, de éstas, el 57% de las emisiones las ocasiona la industria cárnica. Esto se traduce en que hasta un 20% de las emisiones mundiales podrían atribuirse a la ganadería.

La investigación continúa ahondado en las cifras de deforestación y el uso de la tierra, con un 70% de las tierras agrícolas empleadas para alimentar al ganado, en concreto con un 40% de tierras a nivel mundial destinadas a la producción de pienso.

La demanda de carne ya está saturada en muchos países industrializados, sin embargo, se estima que en los próximos años su consumo aumentará principalmente en los países emergentes, impulsado por la producción creciente de Brasil, EE.UU. y la Unión Europea, quienes acapararán alrededor del 60 % de todas las exportaciones de carne a finales de esta década.

España es el tercer productor de porcino a nivel mundial, con el 22% del censo de la UE, y envía a China el 75% de sus exportaciones extracomunitarias. Según la tendencia, esto supondrá un aumento de exportaciones, y serán los habitantes de los municipios afectados por las macrogranjas los que tendrán que lidiar con los regueros de contaminación, así como con la escasez de agua, impactos que también irán en aumento. No se puede obviar que en muchos países europeos se excede en 100 kilos por hectárea la cantidad máxima de nitratos aceptada, y que, por otro lado, el 29% del consumo mundial de agua proviene de la ganadería, algo inasumible en un contexto de desertificación y sequía acuciante en países como España.

«La ciudadanía cada vez está más preocupada por el modo en el que nos alimentamos y por el impacto ecológico que conlleva», ha señalado el ministro de Consumo, Alberto Garzón, «sin embargo los consumidores cuentan con muy poca información». «Es necesario reinstaurar una racionalidad ecológica que neutralice la crisis ecosocial. No es suficiente con que tengamos razón. Es necesario que articulemos política para transformar la realidad. Reconocer los límites del planeta para que los sistemas socioeconómicos se inserten dentro de tales límites es uno de los objetivos más acuantes de la especie humana«, ha concluido.

La ganadería industrial es gasolina para el cambio climático y veneno para nuestros pueblos. Al igual que nos planteamos la reducción de combustibles fósiles y una transición energética hacia fuentes de energía renovable, es indispensable reducir la producción y el consumo de carne y apostar por la ganadería extensiva, una ganadería sostenible y ética, que resguarda la biodiversidad a la vez que revitaliza, sostiene y vertebra nuestros pueblos”, ha señalado Andrés Muñoz Rico, responsable de Soberanía Alimentaria de Amigos de la Tierra. “A pesar de los graves impactos de la ganadería industrial, en España el Gobierno sigue sin tomar las medidas necesarias para limitarla. Pedimos al Gobierno que tome nota de países como Alemania y Países Bajos, y establezca una hoja de ruta para una transición justa del sector”, concluye el portavoz.

Esto no es de extrañar si se tiene en cuenta que la industria cárnica es un negocio muy rentable que se concentran en pocas manos. Las 10 mayores empresas cárnicas tienen su sede en tan solo cinco lugares: Brasil, EE. UU., China, Japón y la Unión Europea. Para hacerse una idea, más de 2.500 bancos de inversión, bancas privadas y fondos de pensiones de todo el mundo invirtieron un total de 478 mil millones USD en empresas de carne 2015 y 2020. En España, cinco empresas Grupo Jorge, Valls Companys, Carniques de Julia, Cañigueral y El Pozo controlan el 42% de la carne producida.

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