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Estados Unidos y la Unión Europea negocian la entrada masiva de transgénicos

Ir a Estados Unidos y la Unión Europea negocian la entrada masiva de transgénicos 2 octubre 2014

Amigos de la Tierra, Confederación de Consumidores y Usuarios (CECU), la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) y Ecologistas en Acción denuncian que el Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversiones entre Estados Unidos y la Unión Europea, conocido como TTIP, implicará la entrada de alimentos contaminados por transgénicos no autorizados en la UE. Los documentos filtrados y el acuerdo comercial con Canadá demuestran la intención de importar productos transgénicos considerados ilegales en la UE.

La legislación europea sobre transgénicos está en el punto de mira de Estados Unidos desde el principio de las negociaciones del tratado entre la UE y EEUU. Del mismo modo, los documentos publicados sobre el acuerdo comercial entre la UE y Canadá, considerado un modelo y ejemplo para el TTIP, muestran que la zona comunitaria ya está rebajando sus estándares. Estos datos se reflejan en el documento elaborado por Amigos de la Tierra, que recopila información sobre ambos tratados relacionada con transgénicos.

Organizaciones de agricultores, consumidores y ecologistas solicitan el fin de estos tratados y exigen una apuesta clara por una agricultura y alimentación que velen por la salud de la ciudadanía, la protección del medio ambiente y un mundo rural vivo.

La Unión Europea ya ha llegado a acuerdos con Canadá para permitir niveles bajos de contaminación transgénica en los alimentos y las semillas. Además, una carta filtrada del anterior responsable de seguridad alimentaria de la UE muestra el deseo de aumentar las importaciones de colza transgénica como parte del acuerdo con Canadá.

La ciudadanía europea, que ha mostrado en numerosas ocasiones su oposición a los alimentos y cultivos transgénicos, está protegida en la actualidad por la norma conocida como “tolerancia cero en transgénicos”, según la cual no se admite la presencia de organismos modificados genéticamente no autorizados en la UE.

TTIP y transgénicos

Los negociadores de EEUU y los lobbies de la industria están presionando para que las normas de importación de transgénicos sean más flexibles y la UE permita las importaciones de alimentos y semillas mezclados con productos transgénicos, incluso cuando el material transgénico no esté autorizado en la UE. Esto implicaría que las personas consumidoras y los agricultores no sabrían si las semillas o la comida que compran están contaminadas por transgénicos. La ciudadanía podría comer ingredientes transgénicos ilegales, que no habrían pasado ningún test de seguridad.

Blanca Ruibal, responsable de Agricultura y Alimentación de Amigos de la Tierra afirmó que “es inadmisible que la Comisión traicione principios básicos de la Unión Europea a mayor beneficio del comercio y las grandes empresas. La Unión Europea debe abandonar de forma inmediata estas negociaciones para no entrar en una carrera a la baja de derechos ambientales y sociales”.

Agricultores, consumidores y ecologistas defienden que la Union Europea no necesita transgénicos y que la protección del medio ambiente y de la libertad de elección de las personas consumidoras son una parte fundamental de los principios de la UE, a los que no se puede renunciar en un tratado comercial.

Andoni García Arriola, de la Comisión Ejecutiva de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos, COAG, señaló que “incluso niveles bajos de contaminación suponen una grave amenaza para el sector agrario, ya que los transgénicos no tienen ninguna ventaja para los agricultores y la ciudadanía no los quiere. El sector tiene que apostar por una agricultura de calidad, saludable y de proximidad. En la agricultura que defendemos los transgénicos no tiene cabida”.

Ana Etchenique de la Confederación de Consumidores y Usuarios, CECU, añadió que “las personas consumidoras en Europa tienen derecho a elegir lo que comen. Igualar la normativa europea con la estadounidense en materia de seguridad alimentaria supone un retroceso sin precedentes en los derechos de las personas consumidoras”.

 

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