10 principios clave para una transición energética justa y feminista
18 noviembre 2025
La crisis climática es el mayor reto al que nos enfrentamos como humanidad, acabar con la dependencia de los combustibles fósiles es imperativo, ya que representan más del 75% de las emisiones globales. Esto hace que la transición energética hacia fuentes de energía renovable sea urgente e inevitable. Pero acelerar la transición no debe pasar por alto que las energías renovables se construyan sobre la base de las desigualdades existentes y que fomenten una vez más la explotación y los abusos. Es necesaria una transición energética justa y feminista.
Es crucial reconocer que la transición sólo puede ser justa y feminista si trabaja activamente para desmantelar todos los sistemas de opresión. Necesitamos una transición energética justa y feminista que potencie las trayectorias hacia una transformación sistémica.
Durante décadas, las mujeres han estado a la vanguardia de la resistencia y las alternativas a las industrias de combustibles fósiles además de ser las más afectadas por sus impactos sociales, económicos, sanitarios y políticos. El sistema extractivista, que explota la naturaleza, los territorios y las personas, es fundamental para la acumulación en la que se basa el modelo económico actual y ha provocado la crisis climática y de la naturaleza. Sin una perspectiva feminista integrada en el cambio de sistema por el que estamos trabajando y por el que luchamos, no habrá una Transición Energética Justa.
Presentamos 10 principios clave para una lograr una transición energética justa y feminista:
- Principio 1: El poder popular feminista y el derecho a la protesta. Las crisis sociales y ecológicas de hoy en día son consecuencia directa de cómo el sistema económico actual, centrado en la maximización de las ganancias y el crecimiento infinito organiza la extracción, manejo, uso y distribución de los bienes comunes. Es un sistema en el que las jerarquías patriarcales y heteronormativas determinan nuestras relaciones sociales y económicas y que depende de la explotación de las mujeres así como de las comunidades colonizadas y racializadas. Creemos en el poder popular feminista construido y orientado por movimientos feministas populares y de base y exigimos que los derechos de las mujeres defensoras de los derechos humanos y ambientales se respeten y protejan.
- Principio 2: Poner la vida en el centro de la transición energética justa a través de la economía feminista. El sistema capitalista divide nuestras actividades en actividades de producción y de reproducción. Sólo el trabajo remunerado se considera productivo y por lo tanto es valorado por la sociedad. Entretanto, al trabajo doméstico y de cuidados se los considera actividades reproductivas. Son invisibles para la sociedad y no se perciben como parte de la economía formal, a pesar de ser fundamentales para sostener la vida. En consecuencia, las vidas y experiencias de las mujeres, personas LGBTQIA+, negras, indígenas y racializadas, migrantes y personas con discapacidades se devalúan ya que éstas son las personas que son desproporcionadamente responsables de la esfera reproductiva y que están activas en las economías informales.
- Principio 3: Trabajo digno y sustentable en economías de transición justas y feministas. En una transición energética justa y feminista, el trabajo digno ha de ser parte integral del cuestionamiento a la división sexual y racial del trabajo. Durante décadas, el trabajo de las mujeres se ha considerado “gratuito” o “invisible”, y se lo ha desvalorizado económica, social y culturalmente.
- Principio 4: Soberanía energética y desprivatización y democratización de la energía para impulsar una transición justa y feminista. La soberanía energética es clave en una transición energética justa y feminista. Eso significa que los procesos de producción, distribución y consumo de energía han de estar en manos públicas. Las comunidades deben tener el derecho a definir sus fuentes y medios de producción de energía. Con un acceso adecuado a la información, están bien posicionadas para decidir cómo debe producirse la energía y con qué fines. La soberanía energética pone en el centro a las personas, los territorios, los derechos, la justicia y la sustentabilidad de la vida, y exige que los proyectos de energía provoquen el menor daño social y ambiental posible. De esta manera, la soberanía energética abarca tanto el derecho de los pueblos a la energía así como sus derechos territoriales.
- Principio 5: Energías renovables para desmantelar las estructuras coloniales persistentes y establecer reparaciones y restauración. Luchar por una transición energética justa y feminista exige una reformulación radical de las intersecciones entre el capitalismo, el colonialismo, el racismo, el patriarcado y la crisis climática, teniendo en cuenta la posición de las personas indígenas, negras y racializadas, las mujeres y las personas trans y no binarias en particular, a fin de resignificar y transformar los discursos y prácticas ambientales. En este intento por desmantelar las estructuras (neo)coloniales persistentes hay que tener en cuenta que la colonización no sólo es llevada a cabo por los Estados –las grandes empresas tienen un papel significativo en la perpetuación de estas estructuras de poder. Ocupan un lugar fundamental dentro de la economía política capitalista, y obtienen ganancias de actividades que van desde la extracción de minerales críticos hasta el desarrollo de una economía “verde”. A lo largo de su historia, las industrias extractivas han recurrido al racismo estructural para justificar el saqueo de recursos y el robo de tierras, poniendo en riesgo las formas de vida de las comunidades racializadas e indígenas.
- Principio 6: El derecho al Consentimiento Libre, Previo e Informado y a decir ¡NO! El compromiso con los derechos de los pueblos indígenas y las comunidades locales y su protección son esenciales para garantizar que haya justicia feminista en la transición energética. Se estima que los Pueblos Indígenas protegen el 80% de la biodiversidad del planeta. Sus modos de vida y de relacionarse con la naturaleza no son intensivos en carbono. Sus conocimientos ancestrales tienen que ser valorados e incorporados con respeto para hacerle frente y evitar que el cambio climático siga avanzando.
- Principio 7: Desmilitarizar los Estados y territorios y desmantelar el complejo militar-industrial. Una transición energética justa y feminista se asienta en sólidos principios contrarios a la guerra, abogando por la desmilitarización de los territorios y el desmantelamiento del complejo militarindustrial. La intersección entre la energía y las acciones militares es evidente. Los combustibles fósiles han alimentado conflictos y guerras durante décadas. Si bien la transición a la energía verde se ve a menudo como un camino hacia la desmilitarización, la pugna actual por el control de los recursos de energías renovables está intensificando las tensiones geopolíticas y la militarización. Con el pretexto de garantizar la seguridad energética, los Estados y las grandes empresas continúan provocando o exacerbando conflictos existentes que se desarrollan en los territorios.
- Principio 8: Finanzas públicas y comercio justos y equitativos para desmantelar el poder empresarial corporativo. Una transición energética justa y feminista exige una transformación radical de los sistemas económico, comercial y financiero mundiales, construidos sobre la base de la deuda, la explotación fiscal y la injusticia tributaria que nutren a los modelos extractivistas y aceleran el colapso del clima.
- Principio 9: ¡No a las falsas soluciones! Actualmente se están propagando falsas soluciones ante la emergencia climática. Estos mecanismos para retrasar la acción climática son promovidos por industrias extractivas y de altas emisiones, bancos, financiadores, y otros actores que las apoyan. Con esas falsas soluciones se proponen distraer y desviar la atención de la necesidad imperiosa de cambiar el sistema energético actual y promover el cambio de sistema. Con ellas, la responsabilidad histórica de las elites y las grandes empresas por sus emisiones de carbono se desdibuja. En cambio, promueven la financierización de la naturaleza, la reducción de la biodiversidad y los ecosistemas a unidades de carbono comercializables, así como parches tecnológicos no validados ni comprobados. Así permiten que el sistema energético actual fallido se mantenga y continúe.
- Principio 10: Decolonizar la producción de conocimiento y garantizar que los derechos de propiedad intelectual y la transferencia de tecnología sean equitativos. Uno de los principales desafíos a la hora de reforzar las capacidades nacionales y enfrentar el cambio climático reside en garantizar el desarrollo de los conocimientos locales salvaguardando la soberanía científica, contando a la vez con el respaldo de una transferencia de tecnología justa e internacionalista, al mismo tiempo que se encaran los obstáculos que representan los derechos de propiedad intelectual (DPI). En una transición energética justa y feminista centrada en el acceso, la equidad y las capacidades, la expectativa es que el Norte Global comparta tecnologías ambientalmente inocuas para garantizar la disponibilidad de recursos esenciales, incluidos los medicamentos. La transferencia Sur-Sur de tecnologías y conocimientos y aprendizajes es también una característica clave de la transición energética justa y feminista. Los dispositivos, procesos e instituciones tecnológicas tienen que someterse a control social e incorporarse en diversas formas de conocimiento y culturas, generando nuevos espacios para la vida digna, la justicia y la equidad, con el objetivo final de mejorar las condiciones de vida para todas, todos y todes. En otras palabras, se tiene que promover la soberanía tecnológica de los pueblos. La soberanía tecnológica incluye el conocimiento indígena, campesino y popular acerca del agua, el viento, el suelo, los bosques y las selvas con el fin de crear herramientas que alimenten a los pueblos y limpien el planeta, y que contribuyan a una vida digna para todas las personas dentro de los límites planetarios y a avances científico-tecnológicos locales que sean culturalmente apropiados y social y ambientalmente responsables.
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