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¿Cómo indicen los transgénicos en la sociedad?

¿Son los transgénicos una fuente de mejora social?

No. Además de sus probables impactos sobre la salud de los consumidores, los transgénicos crean problemáticas sociales a nivel global. Al utilizar prácticas monopolísticas e incrementar su control sobre la agricultura y alimentación (tenencia de tierra, insumos, control de cosechas y de los mercados, presencia a lo largo de toda la cadena alimentaria…), las multinacionales del sector agroalimentario ponen en peligro la soberanía de las personas y los países.

En los últimos años se ha incrementado un fenómeno alarmante: el acaparamiento de tierras por grandes empresas o países, echando a las poblaciones de sus tierras y dejándolas sin su sustento.

 

¿Acabarán con el hambre en el mundo?

No. Resulta ingenuo pensar que unas semillas más caras, que generan mayor dependencia de los agricultores y agricultoras hacía unas pocas multinacionales, van a resolver el problema del hambre.

El problema no es la escasez de alimentos, es la falta de voluntad política para garantizar un reparto equitativo entre toda la población mundial.

Los cultivos transgénicos en el mercado están pensados para favorecer la agricultura industrial, están orientados a la exportación y su uso principal es la alimentación del ganado o la producción de agrocombustibles. No contribuyen para nada en aportar a las poblaciones pobres alimentos suficientes, diversos y culturalmente adaptados.

 

¿Son los cultivos transgénicos una solución para los pequeños campesinos?

No. Las semillas transgénicas están patentadas y para su uso se exige el pago del derecho de propiedad intelectual. El campesino que decide adoptar semillas transgénicas queda sometido a las condiciones de la empresa y atrapado en el sistema.

En la India por ejemplo, se han dado numerosos casos de suicidios de campesinos por los malos resultados de semillas transgénicas y el nivel de endeudamiento con la empresa semillera.

Se hace inviable la práctica de guardar e intercambiar semillas para la siguiente cosecha, una práctica muy común y aún mayoritaria en países del Sur. La siembra de semillas transgénicas obliga a comprar cada año la semilla, lo que hace que la inversión necesaria para la siembra sea mayor. Si un año hay sequía por ejemplo y la cosecha es mala, el campesino no tiene otra opción que volver a comprar semillas y agroquímicos a la multinacional, entrando así en un círculo vicioso cuyo final, a veces, es el suicidio.

La mayoría de semillas transgénicas van asociadas a un paquete de agroquímicos, como herbicidas, patentados por la misma empresa, lo que aumenta la dependencia hacia las multinacionales. Las semillas transgénicas disponibles no están diseñadas para ser más productivas, ni han demostrado serlo. Solo facilitan el cultivo industrial a gran escala.

 

¿La socieda española está bien informada sobre los transgénicos?

No. Las autoridades ocultan todo tipo de información: dónde están los campos, tanto experimentales como comerciales; qué cantidades de materia prima se producen en España y cuánta se importa; dónde acaba esta materia prima; si existen estudios de impactos ambientales y resultados agronómicos en los campos comerciales, etc. Ocultar mucha de esta información infringe normativas y sentencias europeas.

 

¿El consumidor puede ejercer su derechos a elegir?

No. Los sistemas de etiquetado son muy insuficientes. Solo aparece la mención “modificado genéticamente” en los alimentos que contienen más del 0,9% de ingredientes transgénicos. Esto significa que en muchísimos productos de consumo cotidiano hay transgénicos, sin que estemos informados de ello, ni tengamos forma de saberlo.

Además, no están etiquetados los huevos, la carne, la leche, huevos, etc., productos procedentes de animales alimentados con transgénicos, por lo que una gran parte de la materia prima transgénica producida en España o importada se introduce en la cadena alimentaria sin que el consumidor final pueda tener conocimiento de ello.
Para evitar los transgénicos hoy en España, lo mejor es consumir productos ecológicos.

 

¿Sirve de algo movilizarse contra los transgénicos?

Sí. En Europa ha habido una gran movilización desde finales de los años 90 en contra de los transgénicos y esto ha conducido a que Europa sea prácticamente libre de transgénicos, salvo en España. Gracias a esta movilización, empresas como Monsanto o Bayer están renunciando a vender semillas para cultivo comercial en territorio europeo.
En España, las presiones de la ciudadanía han conseguido parar ensayos en campos de nuevos cultivos transgénicos, y la declaración de zona libre de transgénicos de numerosos municipios y regiones.

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